"MI MAYOR INVERSIÓN FUI YO MISMO"

La historia de resiliencia detrás del asesor financiero Joel Bachmann — Entrevista exclusiva

Joel Bachmann y su familia

Joel Bachmann (42) es Licenciado en Administración, especialista en finanzas y asesor financiero independiente. Pero antes de ser un referente en el mundo de las inversiones, fue un joven profesor de tenis cuya vida cambió para siempre un 1 de diciembre de 2010. Su historia es un testimonio vivo de que la voluntad puede más que cualquier adversidad.

Hoy, desde su consultora financiera, acompaña a personas y empresas a reconstruir su relación con el dinero, aplicando las mismas lecciones que aprendió en el camino más difícil: la constancia, la paciencia y la convicción de que siempre se puede volver a empezar.

"Tuve que volver a aprender a vivir"

Pregunta: Joel, empecemos por el principio. ¿Cómo era tu vida antes de ese momento que todo lo cambió?

Respuesta: Era una vida muy activa, quizás como la de muchos jóvenes de 26 años. Pasaba mis días entre canchas de tenis, donde trabajaba como profesor, y las aulas de la Universidad Nacional de Rosario, estudiando la Licenciatura en Administración. El deporte y el estudio lo ocupaban todo. Tenía planes, proyectos a futuro, estaba construyendo mi camino… todo parecía ir sobre ruedas.

P: Y en noviembre de 2010, recibís una noticia que nunca esperabas.

R: Exacto. Fue una resonancia magnética de rutina. Nunca imaginás que un estudio de control te va a cambiar la vida. Me diagnosticaron un tumor en el cerebelo. Recuerdo la sensación de vacío, de incredulidad. Pero aun así, entré al quirófano el 1 de diciembre con esperanza, con la proyección de que sería una cirugía complicada pero superable.

P: Pero la cirugía no salió como esperaban…

R: (Suspira) No, para nada. La operación se complicó de manera brutal. Sufrí un edema cerebral masivo que obligó a los médicos a una intervención de urgencia, y eso derivó en una lesión neurológica irreversible. El resultado fue una hipotonía muscular que paralizó todo el lado izquierdo de mi cuerpo. De ser un deportista activo, pasé a no poder moverme, a depender de otros para todo.

El largo camino de regreso

P: ¿Cómo se afronta un golpe así? Pasar de la autonomía total a la dependencia absoluta…

R: (Silencio) Con muchísimo miedo, al principio. Fue un camino larguísimo y durísimo: un mes entero en terapia intensiva, varios meses más internado, incontables cirugías. Tuve que volver a aprender lo más básico que cualquier persona da por sentado: a sentarme, a hablar, a comer, a caminar. Pasé fiestas, cumpleaños, meses enteros en una cama de hospital. Perdí peso, perdí fuerza, perdí mi autonomía. Pero en el fondo de todo, nunca perdí algo fundamental: las ganas de vivir y la convicción de querer volver a empezar. Eso fue lo único que me quedaba, y me aferré a ello como un clavo ardiendo.

P: ¿Dónde encontraste la fuerza en esos momentos más oscuros?

R: Sin lugar a dudas, en el amor de mi gente. Esto es algo que repito siempre: nadie sale adelante solo. Mi familia, mis amigos, mis alumnos que me escribían palabras de aliento, cada enfermero, kinesiólogo y médico que me acompañó en ese proceso… y de manera muy especial, mi médico, el Dr. Jorge Román. Ellos fueron mis pilares, mi red de contención. El amor fue, y sigue siendo, la fuerza que me sostuvo cuando mi cuerpo no respondía.

Pequeñas victorias, grandes logros

P: Y después de tanto tiempo, empezaron a llegar los frutos de tanta constancia…

R: Así es. La constancia, el "día a día", el "paso a paso", hizo su trabajo. Fue un proceso de pequeñas victorias que hoy, mirando atrás, se convirtieron en enormes logros: un paso, después otro paso; volver a sostener una taza, volver a escribir mi nombre, volver a sostener una raqueta.

Volví a caminar. Volví a trabajar. Retomé mis estudios. A los 30 años, di dos pasos enormes: retomar la carrera de Administración —que había quedado pausada— y comenzar a convivir con quien es hoy mi compañera de vida, María.

P: Hablaste de María, tu compañera. Hoy tienen una familia…

R: Sí, juntos formamos una familia maravillosa. Hoy soy papá de dos hijos que son mi motor, mi mayor motivación. Ellos me recuerdan cada día, con una sonrisa o un abrazo, por qué vale la pena levantarse cada mañana y dar la pelea. Por ellos y por mí.

De la reconstrucción personal a la financiera

P: Tu carrera profesional también resurgió con fuerza. Te recibiste, te especializaste y diste el salto a la independencia. ¿Cómo conectas esa experiencia de vida con tu trabajo actual como asesor financiero?

R: Es una conexión mucho más profunda de lo que la gente imagina. En 2018 me recibí de Licenciado en Administración y en 2020 me especialicé en finanzas. Pero el gran paso fue en 2022, cuando tomé la decisión clave de dejar la relación de dependencia para lanzarme como asesor financiero independiente.

¿Y por qué lo hice? Porque mi historia me enseñó algo fundamental: los obstáculos no fueron castigos, fueron preparación. Todo lo que viví me estaba entrenando para algo más grande.

P: ¿A qué te referís con "preparación"?

R: A que, así como yo tuve que aprender a reconstruirme paso a paso, con disciplina, con paciencia y con un plan, mucha gente necesita ese mismo acompañamiento para reconstruir su relación con el dinero. Aprendí en carne propia que gestionar las finanzas no es solo cuestión de números, fríos y calculadoras. Es, sobre todo, tomar mejores decisiones de vida.

Es poner orden en el caos, tener conciencia de dónde estás y hacia dónde querés ir, y, al final del camino, ganar libertad. Si pude reconstruir mi cuerpo desde cero, sé que puedo ayudar a otros a reconstruir su futuro financiero. Todo se basa en lo mismo: constancia, disciplina y la convicción de no rendirse.

El tenis: un espejo de la vida

P: El tenis, ese deporte que te formó desde joven, también ha vuelto a tu vida…

R: Sí, volví a las canchas. Y cada vez que entro a una cancha de tenis, me reconecto con mis raíces. Ese deporte me enseñó sobre disciplina, esfuerzo diario y resiliencia mucho antes de que la vida me pusiera a prueba de esta manera.

Y sigue siendo un gran maestro, incluso después de nuevas cirugías y desafíos físicos que he tenido que enfrentar. Cada vez que salgo a la cancha, aunque sea con limitaciones, con movimientos que ya no son los mismos, reafirmo mi compromiso conmigo mismo: el compromiso de no rendirme, de seguir adelante, de disfrutar el proceso.

Un mensaje de esperanza

P: Para ir cerrando, Joel, ¿qué mensaje te gustaría dejar a quienes te lean hoy, quizás en un momento difícil de sus vidas, ya sea personal o financiero?

R: Que nunca, nunca pierdan la esperanza. Si algo aprendí en este camino es que los momentos más oscuros también pasan. Miro para atrás hoy y entiendo que cada límite me enseñó a ser más paciente; cada caída me entrenó en la constancia; cada miedo me obligó a fortalecer la voluntad.

Si yo pude reconstruirme desde cero, con un cuerpo que no respondía y un futuro incierto, todos podemos dar el primer paso hacia una vida con más orden, más conciencia y más libertad. No importa desde dónde se empiece.

Este espacio que hoy comparto con ustedes no nace desde la perfección, ni desde el "todo lo logré". Nace desde la experiencia real, de carne y hueso, de alguien que tuvo que empezar de nuevo muchas veces.

P: Joel, muchísimas gracias por tu tiempo, tu honestidad y por compartir esta historia tan inspiradora.

R: Gracias a ustedes, de corazón. Y a quienes están leyendo esto: gracias por estar acá. Y recuerden siempre: lo mejor, siempre, está por venir.

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